Gastro

El Jardín de Diana: la azotea del Hyatt en plena Gran Vía de Madrid

Si vas andando por la Gran Vía, a la altura del número 32 (Primark), fíjate en el suelo: verás dos flechas doradas clavadas en el pavimento. Son las flechas fallidas de Diana Cazadora, que desde la azotea del hotel de enfrente intenta abatir al Ave Fénix que, según la historia, ha secuestrado a su amado Endimión.

Gran Vía es así: no solo escaparates y teatros, también tejados espectaculares, cúpulas y esculturas que hacen que yo vaya siempre mirando hacia arriba, porque nunca decepciona.

El hotel Hyatt

En 2017, el Hyatt Centric Gran Vía rehabilitó el edificio del número 31 para convertirlo en hotel. Dentro de ese proyecto tuvieron dos aciertos claros:

  • Crear una terraza abierta al público, con vistas sobre Madrid.
  • Encargar a la escultora Natividad Sánchez una gran escultura de Diana Cazadora para dar protagonismo a la azotea.

La escultura de Diana Cazadora

De ahí nació esa Diana dorada de cinco metros y casi una tonelada, rodeada de sus perros de caza. La escultora inventó el relato que hoy une las flechas del suelo, la diosa en el Hyatt y el fénix del Primark. Un ejemplo perfecto de cómo darle mitología propia a la Gran Vía.

Comer en la azotea

El otro día, paseando con una amiga, levanté la vista y pensé: podríamos comer ahí. Preguntamos en recepción y, como era pronto (las 13:00), nos dijeron que había sitio. Subimos en el ascensor y aparecimos directamente en la azotea: preciosa, bien montada y con un ambiente animado pero tranquilo.

Pedimos algo para compartir y todo estaba buenísimo:

  • Tequeños de queso con salsa de guayaba
  • Tartar de pez mantequilla con tostada de maíz, salsa nikkei y emulsión de aguacate
  • Hummus de garbanzos con feta, semillas y granada
  • Dos cervezas bien frías

En la terraza había muchos turistas, claro, pero nada ruidosos ni molestos, aunque la zona de mesas altas estaba vacía. Desde nuestra mesa no se veía toda la panorámica, pero sí parte de las vistas y, enfrente, la piscina del CR7 Hotel.

Y como queríamos terminar la comida con una copa, cruzamos a la terraza de Cristiano Ronaldo. Error: sin aire acondicionado (aunque insistían en que sí funcionaba), todas las pantallas encendidas con volumen y un ambiente bastante cutre. Ni llegamos a pedir.

Así que cerramos la comida en un clásico seguro: la pecera del Círculo de Bellas Artes. Volver a lo de siempre muchas veces funciona.

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