Leo muchísimos artículos sobre el orden en casa, pero siempre pienso lo mismo: si no has decidido bien el almacenaje antes, la casa nunca va a estar realmente ordenada.
Da igual cuánto coloques o cuánto recojas. Si cada cosa no tiene un sitio claro, y tú no sabes exactamente cuál es, el desorden acaba volviendo.
Mi método, que funciona
Yo esto lo entendí de verdad hace poco, con una obra que hicimos en casa.
Antes de empezar, me di cuenta de algo muy claro: si volvía a meter otra vez en casa todo lo que tenía, iba a terminar exactamente en el mismo punto.
Así que hice algo que ya había hecho antes, pero esta vez lo hice de verdad y funcionó genial. Cogí papel y boli y recorrí toda la casa como si no fuera mía. Abrí cajones, armarios, la despensa, cajas olvidadas… y lo apunté todo. No por encima, todo lo que había de verdad: medicinas, jerséis finos, jerséis gordos, tuppers, escurridor…
Después hice algo todavía más útil: dibujé un plano de la casa. Los armarios, los muebles, las zonas de almacenaje… (incluso, si vas a hacer una obra, puedes dibujar el almacenaje nuevo que vayas a hacer)
Y empecé a decidir qué iba a guardar en cada sitio. Dónde iban las medicinas, los manteles, los documentos, las cosas de Navidad o las herramientas. Puede parecer una tontería, pero cambia completamente la forma de entender una casa. Porque dejas de guardar cosas “donde caben” y empiezas a guardarlas donde tienen sentido.
Lo que descubres cuando miras bien
En ese recorrido por la casa encontré cosas duplicadas, otras que ya no usaba, cosas que ni siquiera recordaba que guardaba y otras que conservaba “por si acaso”, pero que nunca había necesitado.
Y aquí es cuando empieza el cambio de verdad. No cuando ordenas, sino cuando decides con qué te quedas y con qué no.
Un lugar para cada cosa
A partir de ahí, el siguiente paso es casi automático, pero es el más importante: darle un lugar a cada cosa.
Un sitio lógico y pensado. No vale con “por aquí” o “ya veré”. Las medicinas no pueden estar repartidas entre dos baños y un cajón de la cocina.
Cuando agrupas las cosas y les das un lugar concreto en tu plano de almacenaje, la casa cambia. Y no porque esté más bonita, sino porque empieza a funcionar.
El almacenaje también puede ser bonito
Hay algo que cambia completamente la forma de entender el almacenaje: no todo tiene que esconderse.
No todo tiene que vivir dentro de un cajón. A veces, la solución es justo la contraria.
Tres cajas bonitas en una librería pueden resolver más que un armario entero: una para costura, otra para papelería y otra para esas pequeñas cosas que siempre necesitas tener a mano.
Y, además, funcionan. Porque están pensadas y porque forman parte de la casa, no están ocultas dentro de ella.
La importancia de una buena mesilla de noche
Hay otro punto del almacenaje en el que creo muchísimo y al que casi nunca se le da importancia: la mesilla de noche.
Para mí es vital pensarla bien.
Elegir una buena mesilla, con buenos cajones, cambia muchísimo el dormitorio. Si es una casa de la sierra o de campo, probablemente funcionará mejor algo más rústico. Y si es una casa en la ciudad, quizá una pieza más moderna o de diseño. Pero más allá de la estética, lo importante es pensar cómo vives realmente ese espacio.
Mi experiencia me dice que si la mesilla de noche no tiene cajones o estos no están bien organizados, la mesilla acabará llena de cosas por encima.
Es vital pensar antes qué cosas tienes cerca en la mesilla que son imprescindibles para ti.
Mi mesilla de noche
En mi caso, por ejemplo:
- Siempre tengo bolígrafos, y por eso los guardo en una cajita alargada para que no estén desperdigados.
- También tengo medicinas, porque tengo mucha alergia y muchas noches necesito un spray o unas gotas para los ojos. Para eso es estupendo tener una pequeña caja organizadora con tapa (las medicinas son muy feas y quedarán muy feas en tu mesilla)
- También tengo un organizador abierto para los cables y cargadores del móvil.
- Gafas de ver de repuesto
- Y otro apartado para las cremas, porque todo el ritual de la piel me lo hago ya en la cama. Me da muchísima pereza hacerlo en el baño por la noche, sobre todo en invierno, así que tengo una caja con todas mis cremas perfectamente organizada.
Así, si está todo organizado dentro del cajón, cuando lo abro no me lo encuentro todo mezclado.
Ahí está la clave: pensar de verdad qué necesitas tener cerca por la noche..
Una idea para las colecciones imposibles
Si sufres una pareja que tiene una colección de figuritas o de lo que sea que te tiene invadida la casa, la mejor solución suele ser tener una librería en algún rincón de la casa con todas esas figuras, o lo que sea, juntas.
Porque ahí el error es intentar eliminarlas, la clave es darles un lugar. Una estantería bien pensada puede convertir una invasión en algo con sentido. Ordena, agrupa y, de paso, hasta puede quedar bien, porque deja de estar repartido por toda la casa y pasa a tener un sitio concreto.
Y ahora sí, cuando ya tienes organizado todo el almacenaje, ya puedes tirar y llevar montones de bolsas al punto limpio y dar toda la ropa que no utilices.
Pero ya no lo haces desde el impulso de “ordenar”. Lo haces desde algo mucho más claro: sabes lo que tienes y sabes lo que sobra.
Una casa bien pensada no es la que tiene más espacio, ni la que parece más ordenada. Es la que sabe exactamente qué guarda y por qué.
Porque siempre pensamos que el problema es el orden, pero no lo es. El problema es no haber tomado nunca decisiones sobre lo que entra, lo que se queda y, sobre todo, dónde va a estar cada cosa dentro de la casa.
Y eso no se soluciona recolocando. Se soluciona mirando.



